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martes, 3 de julio de 2018

Barcas en el puerto de Colliure. André Derain.

El sol se pone.

Bajo el cielo de limón
Nubes de malaquita
que amenazan con su luz

Montañas de ocre dorado
se abandonan en los lejos.

Acá, los pescadores de puntos
se baten dudosos del verde-azul:
¿qué peces vendrán?
¿Vidrianes, turquesas?
¿Entre la urdimbre del lienzo,
los jades nadando?
¿Cardenillos de plomo
brillando sus vientres blancos?

Las barcas carcomen la arena
de sangre y de fortunela
reflejando la luz turquí del astro rey
en no sé si sombra.

Unas figuras se arroban, y yo también.

Rojo, rojo, rojo, rojo, rojo,
y Derain.


martes, 25 de noviembre de 2014

Poema a la chica de la piscina de Stephen Shore


Si la calma del agua esperas
te digo que no podrá;
el repelús tremolino,
rock and roll de la luz,
es por rozar tu piel

Si amor en el aire indagas.
Abrigando está de rocío
los enseres del hotel
en que paró la memoria
de la tarde.
                     Ayer.

Vuélvete que quiero verte.
¿No puedo ser yo quien te quiera?
El confín recién desierto
bajada la escalera
sin descubrir tu identidad
sin tocar tu talle húmedo
fresco bosquejo azul,
sombra,
azulejo,
magín de la hermosura,
muchacha triste.
tu cuerpo dibujado bajo el agua
que se escapa de la piel
rebelde como una sombra
chartreuse que danza
fresco.

Setetenta y siete;
el ocho por diez
y Stephen:
¡Estate quieta pequeña!
Y quieta quedó el agua
y los vórtices de luz
y serás amada por siempre
y por siempre esperarás.

(C) Juan Charro. 2014.


A la foto de la chica de la piscina, de Stephen Shore
Ginger Shore, Causeway Inn, Tampa, Florida, 17 de noviembre de 1977. De la serie Uncommon Places

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Saliendo del baño de Joaquín Sorolla. Poema.

La gloria
redactando el agua.
Ciana la tolvanera
de espuma blanca.
Asienten  los gestos
de su cuerpo quedo
con la quilla varada,
las barcas.

En el centro una madre.
Santiamén de un beso.
Sosiega al chiquillo
la paz en el lecho
azul de cobalto
de su causa, el pecho.



¡Arrapiezo que te doy un beso!
...lengua de gato
seda y pincel.
¡Déjame mamá
que me da el carmín!
Dos y tres,
¡que te beso y beso!
¡ay como te quiero!
¡Clandestino!
                      ¡Añil!

Que el sol no queme más.
Como una vela
que nos cubre, el lienzo,
el viento detenga,
que gire y vuelva a la mar.
¿Sí, pero donde giro?
Caracolea aquí, en el blanco
liviano de plomo
que nos da la luz.

Un caramelo alzaprimo
en sus dedos arrugados.
¡Mamá pero los otros niños!
¡Acaso no están sus madres,
acaso ya no son niños!

Para captar el instante
abrazando el cuerpecillo
de rana de mil colores
y abriles no más de cinco,
brillante y resbaladizo,
objetivo de Joaquín.

Pigmentos color levante

Deja de esquilmar las redes
para jugar con  la arena
y volver pronto a las artes.
¡Marinea muchacha!
Marinea con tus manos
y tu rizada melena
Que hay que ganarse el pan!

(C) Juan Charro. 2014.

sábado, 2 de agosto de 2014

Poema a un cuadro. "La incredulidad de Santo Tomás" de Caravaggio.

La incredulidad de Santo Tomás de Caravaggio.

Tomás y su recelo fraterno,
¡normal, yo también dudaría,
pues creer en Dios es una cosa
y otra en tu cofradía!
Pero al verse allí, adentro
la presencia germinada
en la habitación cerrada.

Lágrimas de trementina
gotas de fe escribieron
en el piso y los pies de Dios.
Ellas la huida pudieron,
blanco, carmín y ocre
Tomás no pudo, no.

Tomás,
antes de ser trazado
con un lamento tenaz:
¡Ya no necesito hacerlo
hermano, con solo verte!
Hermano tu ser presente.
Hermano de verte muerto.
Hermano tu ser tangible.
Hermano, vivo de verte.

Pero Cristo le pidió:
¡Mete el dedo,
no me duele!
¡Tienes fe en mi
pero han de tenerla ellos!
Su dedo entró con cuidado
sin soportar la presencia
la mano que guió en frío
el tacto seco y honrado
apoyando su ausencia,
muerto y vivo;
y también guió al pintor
y su fe se volvió aceite
sombra y luz
vida y color;
de los hermanos un sólido
pintado y vivo.

Pero todo esto es verdad,
si lo es, y no lo son
de carne y hueso.
No. Están pintados.
Con las frentes arrugadas
por la mano de un hombre
que porque no creía en nada
puso en su sitio las luces

para que escuchase yo.

(C) Juan Charro. Registrado Prop Intelectual.